15 de abril de 2014

Un hotel para soñar #Style360

Lo más normal sería que me gustase viajar pero lo que de verdad me gustan son los hoteles. Estén donde estén son mis sitios favoritos del mundo. Te costará encontrarme perdida mucho tiempo por las calles de algún lugar pero nunca me llega la hora de marcharme de un hotel que me gusta.

El momento de entrar y quedar atrapado entre lo que esperabas y la sorpresa. Llegar a mi habitación. Recorrer con los ojos todos los detalles y salir en busca de cada rincón.

Los hoteles están llenos de lujos. El lujo del sólo dos, el de las cosas bonitas, el de que te hagan la cama y te preparen el desayuno. Y están, también, llenos de lugares perfectos para leer y escribir. Pero sobre todo, para mí, los hoteles son sitios para soñar.

Sueños son los que tenías y se cumplen, los que dejas en el camino y se olvidan y esos que nunca soñaste pero que la vida te regala y se convierten en los verdaderos sueños de tu vida. Lo escribí hace tiempo en una libreta que reencontré por casualidad hace unos días. Es por eso que me gustan los hoteles. En ellos consigo tomar distancia de verdad, ver con claridad cuáles son los sueños que me ha regalado la vida y encontrar con qué quiero seguir soñando.

Cuando se acerca el momento busco y busco un hotel hasta que encuentro uno que hace que me pare. Es como un flechazo. Me atrapa y ya por alguna razón, que no termino de entender hasta que estoy allí, sé que es el que estaba buscando. No he estado en muchos pero siempre me han dejado con más ganas de seguir buscando, de seguir soñando.

También hay un sitio desde la distancia, entre el "deseo de ir" y la espera, donde también son capaces de hacerte soñar sin nisiquiera pisarlos. El Hotel Bela Vista, encontrado en medio de una mis búsquedas, es de la cadena Relais & Chateaux y fue el primer hotel del Algarve. Durante días se quedó preso en mi retina (y en mi fondo de pantalla) y ha sido el culpable de hacerme soñar por primera vez este año con el sabor del verano y el olor a mar. A lo mejor un día.

Y tú ¿sueñas con hoteles?

Foto de Relais & Chateaux

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11 de abril de 2014

Querer tenerlo todo

Foto Andrea Amoretti - Querer tenerlo todo

Sí, ya sé que antes de cinco hijos tenía cuatro, y antes tres, y dos y uno. Y ni con esas. Una parte de mí no se quiere enterar y se resiste a seguir pensando como "cuando era sola". Rodeada de ese número sin el que ya no entiendo la vida también te digo que a veces no me encuentro.

A menudo quiero correr más, entrar y salir sin necesitar canguro, sacar todos mis proyectos a la vez y tener otros, viajar, escribir más... Más, más, más. Y te aseguro que mi "yo sin hijos" piensa que es posible. Está convencidísimo.

Foto Andrea Amoretti - Querer tenerlo todo

No faltará quien corra a decirme que "en la vida no se puede tener todo" añadiendo eso del "es que ahora tienes una familia". Sí, claro. Y seguramente tienen razón. La vida se encarga de poner los límites pero dentro de nosotros a veces pasa una cosa: queremos tenerlo todo. Y se parece mucho a lo que nos pasa con las Penas de Estilo.

Sea cual sea tu pena hay algo que no falla: te persigue. Poder ir de compras, más tiempo para ti, más centímetros, esas arrugas que no han pedido permiso, más pelo, otras piernas y menos kilos. Penas en las que piensas muy a menudo, muchas más veces de las que puedes reconocer. Cosas que se han instalado en nuestra cabeza y que nos atacan de manera recurrente. Que ya sabemos que no existe nadie perfecto pero...

Foto Andrea Amoretti - Querer tenerlo todo

La cosa no acaba aquí. A menudo, además, hacemos a esa pena culpable de todo. Todo lo que no puedes tener, hacer o ponerte tiene que ser culpa de alguien y se la echamos, casi siempre inconscientemente, a esas piernas, a esos hijos o a cualquier cosa que sea tu elegida para semejante ofensa.

Y así vamos, chocándonos de vez en cuando con la misma pared. Siempre la misma. Por agotamiento miramos un rato hacia otro lado y vuelta. Y esa recurrencia, que agota y nubla la vista, tiene sobre todo un gran problema: cuanto más miramos las cosas que nos pesan más grandes se hacen. Es entonces cuando nos hace falta usar algo de magia.

Foto Andrea Amoretti - Querer tenerlo todo

Es un truco de mayores y se llama aceptación. Funciona sólo si dejamos de lado valoraciones existenciales. ¿Qué más da muchos que pocos? ¿Qué más da si es mejor tener las piernas bonitas que feas? En serio, ¡que más da! Lo único que importa es aceptar las cosas como son porque cuando lo haces "esas piernas" dejan de ser culpables de todo y no tienen nada que hacer al lado de los ojos preciosos que se te habían olvidado.

De la misma manera, mis cinco hijos me gustan mucho más cuando me fijo en lo que sí he podido hacer. No se puede tener todo, dicen, pero concentrarnos sólo en lo bueno y hacer brillar lo que tenemos... ¡Eso sí que es un gran todo!

¿Te pasa a ti alguna vez eso de querer tenerlo todo?

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